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Mi artículo del día 12 de marzo en el blog “Otras Miradas” de Público.

Es la propia Constitución Española en su artículo 66 quien atribuye a las Cortes Generales la acción de control al Gobierno.

Esta semana hemos vivido en el Congreso un nuevo atropello por parte del Ejecutivo: nos veta a la oposición, al grupo socialista,  la posibilidad de preguntar al presidente Rajoy por un tema de vigente actualidad como es su opinión sobre la apertura de juicio oral en el caso Gürtel, que incluye la responsabilidad como beneficiario del partido que preside.

La actual legislatura será digna de estudio como ejemplo del abuso del poder y del  error de concepción de lo que supone una mayoría absoluta en el Parlamento. Basta recordar que han sido 65 decretos leyes los que ha aprobado el Gobierno, reservados para casos de extraordinaria y urgente necesidad, y que se están utilizando hurtando la acción legislativa de las Cortes Generales.

Pero volvamos a la sesión de control al Gobierno, que se desarrolla la mañana de los  miércoles en el Congreso. Vaya por delante que desde el grupo socialista venimos proponiendo que se refuercen los mecanismos de control al Gobierno, con más preguntas en la sesión, y que se amplíe el tiempo destinado a ellas, así como la posibilidad de realizarlas sin notificación previa.

Si cada diputado, diputada o miembro del Gobierno es capaz de salir a una rueda de prensa y contestar a las preguntas de los medios de comunicación, salvo Rajoy que ya sabemos que prefiere el plasma y las comparecencias en diferido, ¿qué problema hay en responder con esa agilidad en el Hemiciclo? No tengo ninguna duda de la necesidad de mejorar nuestro sistema parlamentario, hacerlo más dinámico, más transparente, más participativo… Y lamento que estemos perdiendo la oportunidad de hacerlo en esta legislatura, por ejemplo, habiendo frustrado de hecho la reforma de su reglamento.

Lo peor no es sólo que no avanzamos, sino que también en esto, el Partido Popular se está empeñando en hacernos retroceder. Y lo que tuvimos esta semana no fue una sesión de control, sino una sesión de no control, y en algún caso de descontrol.

De no control porque, como decía el Gobierno, nos impidió realizar nuestra labor de oposición. La pregunta que debió realizarse y que tuvo el visto bueno de la mesa de la Cámara era: ¿cómo valora las últimas decisiones judiciales sobre apertura de juicio oral a implicados en la trama Gürtel? Pero de manera inédita Rajoy se ha negado a responderla. Es la primera vez que la mesa califica y acepta una iniciativa y que el Gobierno se niega a responder. También por esto pasarán a la historia.

Fue una sesión de no control porque en la respuesta a la pregunta que aceptó responder que se refería a las inundaciones como consecuencia de la crecida del Ebro, tampoco contestó lo que se espera de un presidente de Gobierno, solo nos leyó una secuencia de actuaciones. Fue más propio de un jefe de operaciones, con todos mis respetos hacia ellos. Eso sí, Rajoy no defrauda cuando se trata de obviar el sufrimiento de las personas y no fue capaz de mostrar sensibilidad alguna sabiendo que en la tribuna de invitados había hombres y mujeres afectados directamente por esta catástrofe.

No respondió Rajoy sobre la Gürtel. No respondió la vicepresidenta, cuando el portavoz socialista le mostró una carta en la que claramente se producía una injerencia en la Justicia. No respondió Montoro acerca de la falta de colaboración de su Ministerio con los jueces.

Claramente, es complicado controlar así al Gobierno, tal y como tenemos encomendado.

No fue posible una sesión de control y, para culminar la obra, el despropósito y desprecio a la democracia apareció Morenés. Un ministro casi desapercibido sin apenas comparecencias e intervenciones, casi un desconocido. Pero ya le conocemos. Un ministro que perdió el control. No solo la cortesía parlamentaria, también  la buena educación. El descontrol fue mandar callar a una diputada mientras le interpelaba por casos de discriminación y abusos en el ejército. Si se atreve a eso, públicamente y con una diputada, qué no será capaz de decir a una soldado o a una subordinada en la privacidad de un despacho.

Lo lamento, lamento que esto sea así. Pero como sucedió tenía que contarlo. El reto es mejorar el Parlamento y los trabajos allí, para que ninguna mayoría absoluta pueda cometer estos abusos.