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Este es mi artículo de ayer en el blog de Público.

El debate, confrontar ideas, el valor en la palabra, los argumentos… son la esencia del Parlamento.

Los nuevos tiempos nos llevan a concretarlo todo en 140 caracteres, a sintetizar una idea o un proyecto en veinte segundos. Buscar una portada o un buen titular nos lleva, en ocasiones, más tiempo y esfuerzo que la propuesta que hemos trabajado y queremos presentar.

En el caso de la televisión, la importancia de un minuto de telediario ha evolucionado a encontrar un hueco en las programas de tertulias. A veces, he tenido la sensación de que el foco y la atención política de los españoles había cambiado de lugar, del Congreso a los platós de televisión.

No me preocupa ni me molesta, todo lo contrario, me gusta. Creo firmemente en el papel que los medios de comunicación tienen en democracia. Valoro el trabajo de los periodistas. Confío en las redes sociales como canales de participación. Interpreto el interés y el consumo de información política en nuestro país como un avance en nuestra conciencia ciudadana.

El debate político del siglo XXI en nuestro país se produce en todos estos canales: prensa, radio, televisión e internet. Y, como digo, me gusta.

Pero creo que esto no es incompatible con que el buen parlamentarismo. Con que el Congreso y sus debates mantengan la solemnidad que merece lo que representa como sede de la soberanía. Lamentablemente, no siempre sucede.

En esta legislatura que acaba, el Gobierno de Rajoy ha ignorado el Congreso de los Diputados. Se ha producido el abuso de la mayoría absoluta del PP que, a golpe de decreto, ha limitado nuestra labor legislativa.

Rajoy, personalmente, ha ninguneado la institución. Por ejemplo, negándose a comparecer a la más de veinte solicitudes del Grupo Socialista para que se explicara en relación a lo ocurrido con el caso Gürtel.

Esta misma semana, se han producido dos debates que son la guinda a esta actitud de desprecio a la democracia y sus instituciones. El primero, el que se refiere a los presupuestos, que condicionarán a un futuro Gobierno. Y el segundo, una reforma unilateral y urgente de la Ley del Tribunal Constitucional con un claro objetivo electoral.

Ante el desafío independentista en Cataluña, sólo se les ocurre la provocación y la amenaza. El titular o el tuit que resume esta iniciativa sería: “Se acabó la broma”. Estas fueron las palabras del señor Albiol, el candidato del PP en estas elecciones. Estas palabras no se produjeron en la sede del PP sino en el Congreso de los Diputados.

Ha sido este debate, y la intervención de Antonio Hernando, el portavoz del Grupo Socialista, el que por unos minutos nos hiciera recuperar la grandeza del debate parlamentario. Ha despertado la atención de todo el hemiciclo, mereciendo el reconocimiento de los que tienen posiciones diferentes.

Una intervención que crea la necesidad de leerlo en el diario de sesiones.

Una intervención fundada, argumentada jurídicamente. En sus palabras dejó clara la posición política de los socialistas.

España y Cataluña, nuestra convivencia, deben sostenerse sobre los valores de la democracia. La política, el debate, las ideas, confrontar y acordar.

Lamento que de nuevo el PP no haya estado a la altura que merece el Parlamento y nuestro país.

Os animo a seguir los debates por cualquier canal, y a “ponernos nota” en las urnas.