Os dejo mi artículo en el blog de Público del 8 de julio.

Los programas electorales son un elemento fundamental. Con ellos los partidos políticos nos presentamos ante los ciudadanos y marcamos cuáles son nuestros compromisos. Son un verdadero “contrato ciudadano”. La pasada semana me gustó ver cómo el presidente de mi comunidad, Emiliano García-Page, hacía entrega del mismo al presidente de las Cortes y reiteraba en la sesión de investidura el compromiso de cumplirlo y desarrollarlo a lo largo de la legislatura.

Y los presupuestos de cualquier administración son la herramienta donde se concreta el desarrollo de estos documentos programáticos. Así, se puede decir que los Presupuestos Generales del Estado son las leyes más importantes que cada año aprueba el Parlamento. O, más coloquialmente, diría que aquello que no está en los Presupuestos no existe. Desde infraestructuras, políticas de becas o inversión sanitaria, hasta el último plan o estrategia de cualquier departamento ministerial, deben contar con reflejo presupuestario para poder llevarse a cabo.

Tanto los programas electorales como los presupuestos son fundamentales para cualquier formación política con ambición de gobierno. Conforman una parte esencial de las reglas democráticas: se asumen los compromisos con la ciudadanía contemplados en el programa electoral y, para darles cumplimiento, deben reflejarse en los presupuestos.

Así venía siendo hasta que el Partido Popular y el Gobierno de Rajoy se emborracharon de mayoría absoluta. Tal ha sido su borrachera que han terminando ejerciendo un abuso de mayoría absoluta, aprobando leyes y adoptando decisiones muy importantes contra el resto de grupos parlamentarios y con un amplio rechazo social. Valgan como ejemplos la reforma laboral, la ley de educación o la ley mordaza.

Tal es así que empezaron incumpliendo su programa electoral a la semana de llegar a la Moncloa, como el propio presidente llegó a decir en la tribuna del Congreso, y se marcharán utilizando unos Presupuestos Generales del Estado como cartel electoral.

Hace cuatro años en el PP sabían que el programa que presentaron a los ciudadanos no era el que iban a desarrollar en su gobierno. Como las cuentas de sus gastos electorales no se correspondían con las que realmente tenían y pagaban en B. E igual que ahora saben que los presupuestos del 2016 no serán veraces sino una manera de intentar engañar de nuevo a la ciudadanía.

El Gobierno está utilizando el calendario presupuestario para ajustarlo a sus tiempos electorales, anteponiendo los intereses partidistas a los intereses del país. Esto es lo que han estado haciendo toda la legislatura.

Pero ahora ocurre que esa “borrachera de mayoría absoluta” está en fase de resaca. Saben que se acabó la “fiesta” y que la realidad es que lo que fuera una apoyo electoral mayoritario es ahora un claro rechazo de la mayoría de nuestra sociedad.

En los días en los que la situación de Grecia y de los griegos urge un esfuerzo de responsabilidad política en el ámbito europeo, en nuestro país asistimos a una nueva muestra de irresponsabilidad de quien nos preside.

Rajoy se ha lanzado a la campaña electoral de las próximas generales y no tiene pudor en utilizar los presupuestos como el primer mitin.

Si a Rajoy le quedara un pizca de decencia política no presentaría los Presupuestos Generales del 2016, sino que convocaría unas elecciones para que se pudiera expresar en las urnas una ciudadanía que está clamando un cambio de gobierno.