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Fuente: Congreso de los Diputados

Foto: Congreso de los Diputados

Estamos orgullos de que se diga por propios y ajenos del PSOE que es el partido que más se parece a España. Somos el único que se presenta con la E, de España, en nuestras siglas. Pero sobre todo somos el partido que más y mejor ha gestionado la cohesión social y territorial de nuestro país, y lo seguiremos haciendo.

Hoy, en tiempos de crisis económica, social y política en España, el Partido Socialista se ha tenido que enfrentar a una disyuntiva muy complicada.

Mientras el país estaba bloqueado institucionalmente, con claras contradicciones sociales. El partido socialista vivía su propio bloqueo, su propia contradicción. Como muchas de las personas que se dirigían a nosotros y nos pedían que votaremos NO a Rajoy y que al mismo tiempo, nos decían que no volverían a las urnas en caso de unas nuevas elecciones. Así nos hemos encontrado también nosotros, en ese dilema, en ese mar de dudas, en esa tensión de pensar si hacíamos o no lo correcto,…

En las últimas semanas hemos vivido situaciones y decisiones difíciles y dolorosas. En las que incluso se han perdido las formas, algo por lo que tenemos que pedir disculpas a la ciudadanía.

He compartido horas de debate con mis compañeros y compañeras con responsabilidad orgánica e institucional, con la militancia en las asambleas locales y muchas conversaciones con amigos y familiares que quieren a nuestro partido.

Y finalmente tomamos una decisión: decidimos de ser útiles al país desbloqueando la situación política e institucional.

Varias semanas antes de se produjeran estos acontecimientos expresé que en caso de que repitieran por tercera vez elecciones, yo no habría sido candidata por mi circunscripción. Me pesaba la responsabilidad de no haber cumplido nuestro primer deber de elegir presidente del gobierno, de no saber cómo explicarles a mis conciudadanos y votantes porqué tendrían que volver de nuevo a las urnas, si ya se habían expresado en dos ocasiones en menos de un año, y sin poder asegurarles si después de las terceras no habría unas cuartas. Y si valoré que esa era una decisión personal acertada, ¿porque no serlo a nivel del partido? Entiendo que hemos adoptado una buena decisión como organización, y que de nuevo coincide con lo que es una buena decisión para el país.

Durante los últimos meses dijimos No a Rajoy, y a sus políticas. Somos la alternativa, nuestro proyecto es antagónico. Queríamos el cambio.

Trabajamos intensamente para ofrecer a nuestro país un gobierno alternativo que era posible tras las elecciones del 20 de diciembre. Entonces el Sr. Iglesias y Podemos, se empeñaron en impedirlo. Antepusieron sus intereses partidistas y personales, a la posibilidad real de mejorar la vida de millones y millones de personas.

Hubiera bastado entonces con una abstención, pero prefirieron votar No a un presidente socialista.  Esto fue así, y por mucho que les moleste que lo recordemos, no podrán borrarlo del legado que su partido dejará a la historia.

Así fue como llegamos a unas nuevas elecciones el 26 de junio. Unas elecciones en las que no se consuma el objetivo de Iglesias de sobrepasar al PSOE, pero donde Rajoy, su socio para impedir la investidura de Pedro Sánchez, consiguió un mayor apoyo social incrementando sus escaños en el Congreso.

De nuevo le dijimos No a Rajoy. Le dijimos trabaje usted para conseguir sus apoyos porque a nosotros nos tendrá liderando la oposición.

El Sr. Rajoy no sólo no trabajó los apoyos naturales para su investidura sino que, claramente, se propuso allanar el camino y dirigirnos a unas terceras elecciones.

Dijimos No, y le diríamos No eternamente al PP y a Rajoy.  Pero ante la disyuntiva de ir a unas terceras elecciones, con la posibilidad cierta de que las mismas no desbloquearan las situación manteniendo un aritmética similar en el parlamento y el consiguiente deterioro para las instituciones y para nuestra Democracia, el PSOE optó por lo que creemos es lo mejor para nuestro país.

La disyuntiva   era si evitábamos o manteníamos el bloqueo.  Y optamos por lo primero.

Una decisión discutida, difícil, dolorosa,… pero responsable.

Las decisiones políticas han de tomarse valorando sus consecuencias. No sólo desde el corazón o las tripas. Hemos de llevarnos por la razón y ser capaces de asumir las consecuencias de nuestras acciones.

Asumo la responsabilidad tanto individual como la de mi partido por esta decisión. Tengo confianza en que cuando pasen estos días, se comprenda que el PSOE hizo lo que debía hacer.

Se podrá valorar en el futuro que de nuevo fue nuestro partido quien pensó en España. De nuevo, fue el PSOE quien decidió atender la necesidad y la urgencia de nuestro país.  Y espero, que pronto, de nuevo, se nos reconozca como el partido que más se parece y en el que más se reconoce una inmensa mayoría de españoles y españolas. Los patriotas de las banderas y los himnos, sólo se defienden así mismo, sólo piensan en sus intereses.  Y los nuevos, se han declarado incompetentes para articular el cambio que se precisaba.

Me he referido mucho a la responsabilidad en estas líneas, y voy a insistir en responsabilidad colectiva. Tendremos que valorar cuál ha sido nuestra responsabilidad colectiva, como sociedad, y plantearnos qué no hicimos bien. Por qué al mismo tiempo que se manifestaba un rechazo social mayoritario al PP, a Rajoy, a sus políticas y a su corrupción, recibieron un apoyo indiscutible en las urnas. Esto no puede ser sólo responsabilidad del PSOE.

 Termino como terminaba un post que escribí el 21 de julio hablando de responsabilidad: “La responsabilidad del PSOE será la de liderar la oposición, la de poner voz a quienes votaron por opciones de izquierdas.  Haremos un buen trabajo parlamentario que permita condicionar la labor del gobierno y sacar adelante reformas legislativas para mejorar vida de una mayoría, recuperar derechos y reconstruir la justicia social en nuestro país”.

 

 

 

 

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