XXXII Certamen Cartas de Amor Asociación del Timón

Yo quiero una postal con tu silencio.

Escríbeme palabras al oído.

Una carta es un motor 

en la cuesta de la Ausencia.

Se me olvidó tu risa y tu bufanda

y sigo viéndote ,

cuando leo tus cartas .

Y la Ausencia no existe si no quiere a alguien,

aprendes geografía y buscas en el mapa

ese pueblo que dice el matasellos,

cuando amas aprendes geografía.

Rompo el hielo con Gloria Fuertes, tan sugerente siempre.

Las cartas de amor, su perpetuidad, la ausencia, la importancia de los silencios… el recuerdo de los sellos y el matasellos.

El amor es sentimiento, es intimidad.

Así me aproximo a este pregón con el pudor propio que se produce al mostrarnos íntimamente, pero al mismo tiempo con la tranquilad de hacerlo entre vosotras, amigas de la asociación El Timón.

 No hace mucho os recibía en el Congreso de los Diputados, y allí os hablaba de mi pasión y mi compromiso público.

Hoy la pasión que sobresale  aquí es la de vuestro trabajo como organización en este importante certamen de cartas de amor en su 32 edición.

¡Gracias por la encomienda querida Presidenta, Manoli ! 

Gracias  a todas por invitarme a venir y compartir con vosotras este “romántico momento”, y  mil gracias, también, por invitarme a la reflexión  de estas cosas del amor y su importancia en la vida, en nuestras vidas. Me habéis obligado en estos días “locos” a detenerme a pensar en algo tan bonito como el amor.

Enhorabuena a los premiados, Armando, Raquel y Ángel, a todos los participantes, también al jurado por su dedicación y acierto.

Espero estar a la altura.

Ese año 1987, cuando Carmina Lorido propuso a Amelia Porras la idea del certamen de cartas de amor, yo tenía la edad que hoy tiene mi hijo Mario que ahora está aprendiendo a escribir.

Y entonces aún se escribían cartas, pertenezco tal vez a la última generación que escribía cartas de amor. Coleccioné sobres y hojas perfumadas, que viajaron a las casas de las amigas, las maestras queridas, y alguno de esos primeros amores, con los que tan solo se compartía eso  “palabras de amor” que diría Joan Manuel Serrat.

Produce nostalgia recordar esos tiempos, en los que escribíamos y recibíamos cartas. Cartas que  suplían la cercanía, la ausencia… y resulta paradójico hacerlo hoy que pudiendo disfrutar de las personas queridas,  teniéndolas cerca nos perdemos demasiado en las rutinas… y la ausencia, la distancia puede suplirse con una vídeo conferencia.

La inmediatez de la comunicación hoy, hace que perdamos muchos momentos que formaban parte de la liturgia en la correspondencia postal, por ejemplo la emoción en la espera o al abrir el buzón.

Reivindica este certamen la carta de amor.

“Mis mejores poemas son cartas que lloré.

Un poema se escribe, una carta se llora.”

(De nuevo , Gloria Fuertes)

Pero lo cierto es que ya no se escriben cartas, ni tan siquiera escribe a mano…

Hoy el postureo en Facebook o un emoticono robó el espacio a la carta… y a veces pienso que las pantallas también nos roba el amor. 

¿Cuántos besos, cuantas caricias, cuantas miradas nos hemos perdido tecleando nuestros dispositivos electrónico?

El amor es íntimo, por eso entiendo que pregonarlo  muchas veces no es sinónimo de sentirlo.

En la intimidad de  nuestro magnífico auditorio me confieso poco romántica, poco detallista. Pero sí muy amorosa.  Amo a la vida. Amo hasta el infinito a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros…

Creo que  vivir solo merece la pena si eres capaz de hacerlo  en un entorno de amor.

Para ser feliz necesito querer y sentirme querida.

Hombres y mujeres de las letras y el arte han escrito sobre el  amor. Quizás a día de hoy, después de XXI siglos, no hayamos agotado su significado, ni entendido del todo su alcance. Poetas y trovadores  cantan que el amor mueve el mundo. Qué sentido tendría la literatura sin algunos de estos versos:

 “Serás amor…

¿Serás, amor

Un largo adiós que no se acaba?

Pedro Salinas.

O este otro del más romántico de Bequer:

Podrá nublarse el sol eternamente;

Podrá secarse en un instante el mar;

Podrá romperse el eje de la Tierra

Como un débil cristal.

¡Todo sucederá¡ Podrá la muerte

Cubrirme con su fúnebre crespón;

Pero jamás en mí podrá apagarse

La llama de tu amor”.

O estos otros versos de Alfonsina Storni:

“Soy un alma desnuda en estos versos,

Alma desnuda, que angustiada y sola,

Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,

Que puede ser un lirio, una violeta,

Un peñasco, una selva y una ola.”

El amor y el desamor construidos como pasiones humanas. Cientos de títulos de  hermosos libros: Romeo y Julieta, Cumbres borrascosas, Ana Karerina…, cuantas canciones han descrito con una poesía brillante el terrible palo del desamor, recuerdo especialmente a Silvio Rodríguez cantando:

 «Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,

Para no verte tanto, para no verte siempre

En todos los segundos, en todas las visiones:

Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones»

A estas alturas de mi vida creo que he conocido al más grande, infinito  e incondicional de todos los amores, el amor a mis hijos. La noche que nació mi primer hijo, era una noche de San Juan, me enamoré eternamente, creía que no se podía querer más hasta que hace un año nació mi segunda hija y supe que ese amor se multiplica. Un amor sin igual, que nació de otro amor, el amor en pareja.

Un amor que te hace querer más todavía a tus padres al comprender como ellos te quieren a ti, que fuiste también amor de su amor.

Mariposa triste, leona cruel,

Di luces y sombra todo en una vez.

Cuando fui leona nunca recordé

Cómo pude un día mariposa ser

En esto día de San Valentín, al  hablar del amor presuponemos   el amor en pareja (hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre) que importa la condición. Ese amor que cuando lo sientes te  chispean los ojos y sientes mariposas en el estómago.

Qué hermoso ese amor verdadero, nada virtual, ese amor cercano, de respeto y dignidad, ese amor que te hace ser mejor persona, porque eres feliz, sin más.

Pero amigas, nos han contado tantos cuentos de amor, de príncipes y princesas, de manzanas envenenadas, de besos que despiertan… que  ese amor, amigas, que ese amor,  nos ha hecho mucho daño.

Porque hemos creído en un amor atador, no liberador, donde teníamos que encontrar al príncipe encantado.

Cuantos clichés hemos tenido que romper para entender que el amor es sinónimo de igualdad, de respecto, de integridad. Cuántas vidas y cuanto esfuerzo nos está costando hacernos visible, entonar culpas. Cuanta transformación de la sociedad para quitarnos esa casposa sensación de sumisión. Hoy no está prohibido sentir.

En el fondo, amigas, tenemos todas, más o menos, la misma historia que contar, una historia de invisibilidad, de desigualdad, de lucha, de superación, de ser mujeres valerosas. Quisiera hoy utilizar unas palabras de Eduardo Galeano: “No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los parpados, Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta». Qué es esto de la solidaridad entre los géneros sino un hermoso y maravilloso acto de amor.

Amor, entendido como un encuentro de fraternidad de todos y todas juntos para avanzar… y  no estamos solas, estamos acompañadas de hombres sabios, virtuosos que han entendido que esto de la igualdad es  un acto de valentía, y de solidaridad.  Que  es necesario  construir un mundo mejor y que solo podremos hacerlo tod@s junt@s.

Decía Carmen Martin Gaite:

“Y no quiero volver,

Ya no me gritéis más que no hay salida

Creyendo que no oigo,

Que no entiendo”.

Como os decía después de pensar estos días sobre el amor, más allá de los clichés tradicionales, concluyo que para vivir intensamente ha de amarse la vida.

Amar la vida es que nada te resulte indiferente. Es vivir apasionadamente, es vivir con compromiso.

En mi caso además, no entiendo la vida si no es con  compromiso político. «Porque quise tocar las estrellas, me impliqué en la lucha», en la lucha por una sociedad más justa, más humana, más igual. No recuerdo el día que me revelé ante las injusticias, igual era tan pequeña que no tenía conciencia, solo sé que siempre he creído que  el mayor acto de generosidad, de amor que podía hacerme a mí misma y a los demás era la luchar e implicarme en lo que creo. Y es que el amor social es una bomba cargada de energía. Decía Blas de Otero: «Si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra». En estos tiempos sin lirismo, reivindico el amor a lo público. El amor al espacio que es de tod@s.

En estos día donde algunos siguen recurriendo a las creencias o las religiones para mantener las guerras, donde al mediterráneo dejamos de cantarle y sin inmutarnos lo convertimos en cementerio, donde las banderas se alzan animando los odios, donde la redes sociales son escudos para albergar insultos… en estos días grises que nos hacen menos humanos, yo reivindico el amor.

Solo se pueden construir sociedades sanas sobre el amor.

Reivindico hoy el “Haz el amor y no la guerra”, el eslogan principal de la generación hippie, que sucedió a la de la guerra mundial y la postguerra. Era toda una declaración de intenciones, tras la barbarie, quizás la mayor de la historia de la humanidad, que resumía el credo principal de los jóvenes que la representaban.

Igual que cada una de nosotras vivimos y sentimos a nuestra manera nuestro amor en pareja, del mismo modo podemos querer a nuestra manera lo colectivo.

Mi amor  a España, a nuestra tierra, a Castilla-La Mancha, o a PUERTOLLANO es tan íntimo y propio que no se puede juzgar. Como yo no puedo juzgar la manera en que vosotros queráis a nuestro país o a nuestra ciudad.

Eso sí, como sociedad solo podemos avanzar si unimos nuestros afectos y dejamos a un lado nuestras diferencias…

Os confieso que yo elegí vivir en esta ciudad por amor, esta ciudad no me eligió a mí. Yo la elegí a ella. A este faro de la Mancha que cantaba nuestro recordado Primi Ortega.

Entiendo el amor a la ciudad sin localismos extraños, sino de la manera más sencilla: la de construirla, habitarla y compartirla día a día. Vivimos tiempos complejos y hoy Puertollano, nuestra ciudad,  como otras nos grita y nos suplica queredme ahora que es cuando más os necesito.

Y es que el amor tiene una capacidad transformadora.

Abramos las ventanas de la convivencia. Hoy os pido amor a la utopía, y amor al desamor.

Tendríamos que pedirle a cupido que se esmere  un poco en lo colectivo.

Nos falta poesía amorosa en nuestras relaciones, en nuestra convivencia.  Todo  sería más fácil si fuéramos capaces del gozo del amor, de esa ternura,  de esa mano amiga, “se nos ha ido de los dedos la caricia sin causa”. Hemos pasado demasiado deprisa por la creencia de que lo material puede llenar nuestra mochila de la felicidad y hemos olvidado el verdadero significado del amor, hemos olvidado a las diosas de las pequeñas cosas.

Quisiera finalizar con la letra de una canciónn de Pablo Milanés que dice:

“Esto no puede ser no más que una canción, quisiera que fuera una declaración de amor, romántica sin reparar en formas tales, que ponga freno a lo que siento ahora a raudales, te amo, te amo, eternamente te amo, si me faltaras no voy a morirme, si he de morir quiero que sea contigo, mi soledad se siente acompañada, por eso a veces sé que necesito, tu mano, tu mano, eternamente tu mano”.

Démonos las manos y dejemos que nuestros corazones vuelen en esta fiesta que hoy he venido a pregonar, la fiesta del amor. Vivámosla intensamente como si no hubiera un mañana.

Muchas gracias.

 ¡Y que viva el amor! ¡El amor libre, igualitario, respetuoso! ¡El amor por lo colectivo, el amor social, el amor comprometido!

 ¡Hagamos el  amor y no la guerra!

Isabel Rodríguez García

Pregonera 2019